FRASES: NUESTRO CAOS - SIRA DUQUE - Lana Fry

lunes, julio 10

FRASES: NUESTRO CAOS - SIRA DUQUE

Nuestro Caos es la primera novela de la autora Sira Duque y, de lo último que he leído, ha sido de lo mejor. Como toda primera vez, faltan cosas por pulir (nada que un buen corrector no pueda solucionar) pero le auguro un gran futuro. Tiene una forma de escribir que, pese a su sencillez, consigue llegarte. Nuestro Caos ha sido un gran descubrimiento, una grata sorpresa y, teniendo en cuenta lo desencantada que estoy últimamente, me alegra ver que aun hay joyitas que merecen ser descubiertas.

No me había dado cuenta de la cantidad de frases que había señalado hasta que me he puesto a mirarlas y releerlas. Aquí os dejo una selección de ellas (no están todas, tenía más *risas*).

Espero que estas pinceladas de la historia de Simon y Vega, os dé el empujón necesario para leerla al completo.


Tras años evitando hacerlo, Simon no puede seguir posponiendo volver a su pueblo natal. Lo que no imagina es que, una vez allí, Robert, un niño de seis años, le haga buscar razones para quedarse… Bueno, y Vega, pero…
Vega es todo lo contrario, tan solo una promesa la retiene. Por ello, no tiene interés en entablar relación con nadie, mucho menos con el nuevo amigo de su hermano pequeño, a quien también acaba de conocer.
Dos personas que, a priori, no tienen nada en común: 
Simon le sonríe a la oscuridad, mientras Vega se esconde de las estrellas.
Simon se empeña en conservar lo poco o mucho que le queda, Vega evita tener algo que implique luchar.
Nos descubren su historia. Una historia sobre encontrarnos cuando, por fin; esas personas, sentimientos y cosas que no buscábamos, llenan ese pedazo en el mundo que nos corresponde sin que lo supiéramos. Sobre cómo querer y dejar que te quieran. Sobre dejar de buscar razones para perdonar a los demás y a uno mismo, y hacerlo sin más.

«Y gracias a él, he comprendido, que para encontrar tu lugar en el mundo; primero hay que llenar un rincón, hacerlo tuyo y dejar un trocito de ti, para que nunca, nunca, se te olvide dónde está, ni desees irte »




Sonrió al ver los pocos cajones que hay y lo irónico que me resulta ser una contradicción conmigo. En sí lo es porque yo mismo busco cajones para esconder lo que detesto de mí; lo que me avergüenza mostrar. Supongo que eliminarlos físicamente es un primer paso simbólico para ir sacando todo lo acumulado en el fondo. Para ordenarlas, afrontarlas o, simplemente, deshacerme de ellas.

Lleva otro de sus típicos atuendos: mallas ajustadas con algún agujero y manchas y una camiseta que cumpliría perfectamente la función de vestido si no quisiera ponerse nada debajo. Tan pequeña y perdida entre las capas de tela. Como si tuviera tanto guardado en ese cuerpecito y solo usando ropa holgada está segura por si, algún día, sus miedos y todo lo que guarda decidiera salir a la superficie. Como si así estuviera tranquila de que los demás no podemos verlo si ocurriera.

—No seas vanidoso. —Arruga la nariz—. Tampoco es que seas nada del otro mundo.
—En eso llegas razón —me aclaro la voz—, me conformaría con ser el mundo de alguien.


Y por más que lo medite, no logro llegar a ese punto en el que comprendo por qué soy tan ambivalente cuando estamos a pocos centímetros. Creo que en parte, se debe a ese descaro suyo de decirme lo que me obligo a no pensar, como si fuera mi pepito grillo. Me joroba y, al mismo tiempo, me hace replantearme todo lo que tenía seguro antes de venir.

Simplemente ya pasamos suficientes horas con nosotros mismos como para que, cuando estamos con otros, saquemos lo que queremos esconder. Algunos dirán que es poner parches o tapar heridas. Nosotros lo llamamos terapia de sustitución. Empleamos nuestro tiempo en reír, pensar en barbaridades varias y a por otro día con un poco de alegría, rememorando las hazañas de días pasados. Eso y que en la adolescencia resultamos tener gustos similares y nos causó demasiados disgustos. Así que, cuando intuimos que el otro tiene más interés del usual en una chica, nos echamos a un lado y no preguntamos a menos que el otro esté dispuesto a hablar.

—No quiero más amigos, no te quiero a ti. Eres esa clase de personas que, cuando la dejas entrar, nada vuelve a estar igual. Lo presiento. Y no quiero recoger mis pedazos.

Todo en ella es una constante batalla entre lo que en realidad quiero y lo que en fondo espera que ocurra. Como si a lo largo de los años se hubiera metido con calzador algunas ideas y, a la fuerza, su mente hubiera interiorizado que para determinadas decisiones o situaciones solo hay un modo de actuar. Sin embargo, ajena a todo eso, su condición natural la arrastra a ser ella, sin censuras y sin pensarlo todo antes de hacerlo.

No puede ser malo dejarte querer. Lo horrible y destructivo es sentir que cada vez que alguien te abraza, que en algún momento, ese abrazo será el único recuerdo que te quedará porque se irá.

Rota por querer dar y no saber cómo hacerlo. Por querer quedarme a ratos y otro sentir el impulso de sentarme sobre mi maleta y salir corriendo. Estar con mi soledad, en mi casa. Es la realidad, sin mi padre estoy sola. Estaba sola. Aquí no lo estoy. Ya no estoy rodeada de gente. Llenan huevos, me tiran cuerdas y yo se las lanzo a ellos.

Siento un pellizco bajo las costillas al hablar de él. En cada acercamiento, mi cuerpo despierta, mi pulso se descontrola y el corazón me golpea sin ruta fija por todo el pecho. Cuando estoy con él, la inercia de girar a favor de la gravedad sucede como si fuera magia. La carne y los huevos dejan de pesarme y dejarme llevar dejar de ser una simple opción para convertirse en lo natural. Es irónico porque duele y alivia al mismo tiempo. Y, aunque preferiría no encontrármelo, lo que es probable estando en su casa, tengo la necesidad de verlo, de que alivie toda la contradicción con la que he amanecido. Y, casualmente, él es uno de los pesos más consistentes en ella.

Caminamos cerca, aunque a una distancia que me ahoga. Sin mirar ni medir su reacción, engancho un dedo entre su mano y ella lo abriga entre los suyos. He pensado mucho sobre la quietud y la calma que me transmite en instantes como este. Me alivia y crea una ansiedad al mismo tiempo. Es como si tuviera miles de cosas que decirle y, sin embargo, cuando su pulso se acompasa al mío, siempre terminan por quedarse estancadas a expensas de un momento mejor.

Cuando pasas tanto tiempo encerrada en ti, cuando has huido toda tu vida de lo que necesitabas, por muy rápido que lo hagas, aquello de lo que corres termina encontrándote. Y cuando lo hace… en algún momento tienes que pararte a pensar si merece la pena seguir alejándote.

Porque sí, quiero que se vaya. Bien lejos. Y, al mismo tiempo, que deje una cuerda por la que pueda tirar y encontrarlo cuando lo necesite.

—Estás tan convencida de que si vagas por el mundo sola y desamparada estarás mejor, que tienes derecho a darnos de ti lo que te apetezca y luego, negárnoslo. Joder. —Se cubre la cara con las manos—. Cada vez que te vas, me haces una grieta aquí —dice señalando su corazón—. No eres la única que ha sufrido y le cuesta hablar de ello pero, nena, joder. Si no apartas las cortinas y me dejas pasar, no puedo demostrarte lo que provocas en mí.

Una de las absurdeces más repetidas por el ser humado es esconder lo que nos aterra y nos hace sufrir. A veces, es más sencillo no pagar el precio que requiere enfrentar todas las piezas que nos componen, ignorando parte del dibujo. Solemos convencernos de que si lo hacemos dejaremos de ser nosotros, porque es más reconfortable pensar que nuestras debilidades no existen.

Y así, perdidos y encontrados. Con guerras ganadas y en medio de batallas. Cada uno ha seguir o está en el camino de encontrar eso que llaman hogar. Puede que mañana nos desorientemos y no veamos las señales para llegar hasta él con la misma facilidad que ahora pero todos, tarde o temprano, aprendemos a encontrar atajos. Los míos son los colores que veo cada vez que la miro, las miles de risas que compartiremos, las pruebas que tendremos que saltar o rodear, los gestos que todavía no entiendo y descifraré mañana… todo forma parte de ese caos. Nuestro caos.

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2 comentarios:

  1. Tengo muy muy pendiente este libro y lo quiero leer pero quiero terminar Trono de Cristal y no me da la vida porque os odio porque no me dejáis leer más capítulos de TdC y quiero este y dios >.<
    Ahí lo dejo

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  2. ¡¡Serás....!! A mi no me eches la culpa, ansias. ¡Que eres una ansias! jajaja Tengo que reconocer que esta semana no he leído nada aún de los capítulos que tocan pero como tengo el finde libre aprovecharé.

    P.D. ¡Ansias! xDD

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