13 junio 2017

RESEÑA: 23 otoños antes de ti, de Alice Kellen




Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. O al menos eso fue lo que Harriet Gibson pensó tras conseguir casarse allí con Luke Evans, el primer desconocido que se cruzó en su camino. Esos papeles matrimoniales eran todo lo que necesitaba para cobrar la herencia de su padre.
Sin embargo, todo se complica cuando, dos años después, él da con su paradero y llega sin avisar al pequeño pueblo donde ella vive. Luke es testarudo y tiene la firme intención de conseguir el divorcio, pero Harriet no tarda en advertir que también es descarado, sexi y divertido; algo que termina siendo un camino tentador pero lleno de problemas. ¿Qué hacer cuando tu corazón toma la dirección equivocada?

«A veces, un lugar perdido en medio del mapa puede ser el detonante para encontrarse a uno mismo»




Hacía meses que tenía la novela en casa y no me decidía a leerla. ¿Por qué? Pues porque mis expectativas eran tan altas después de leer 33 razones para volver a verte, que quería encontrar el momento perfecto para hacerlo, para disfrutar de la historia como lo hice con la anterior. El otro día tuve un bajón de esos anímicos que son un asco pero que a todos nos pasa de vez en cuando y, sin pensarlo, cogí el libro y lo metí en el bolso. Suelo leer mucho en el tren de camino y vuelta del trabajo. Sabiendo lo mucho que me gustó el libro de Rachel y Mike y habiendo leído ya el avance de Titania, sabía que necesitaba este tipo de novelas.

Dulce, tierna, entrañable y con un toque sexy. De esas que sabes que te van a dejar un buen sabor de boca.

No puedo decir que me ha gustado 23 otoños antes de ti porque no sería cierto. ¡Me ha encantado! Y tengo que decir que bastante más que la anterior. He disfrutado muchísimo con la historia y creo que es gracias a Harriet, su protagonista. Hacía tiempo que no me encontraba con un personaje tan dulce y transparente como ella. A la pobre le han dado muchos palos en la vida y otra persona en su lugar se habría vuelto una cínica, pero no ella. Es algo desconfiada, no se le puede culpar, pero resulta entrañable ver lo mucho que se apega a la gente que ha estado siempre a su lado. Es una persona sencilla que lo único que quiere es seguir haciendo dulces en su pastelería.

Se podría decir que su sueño de abrir su propia pastelería se ha cumplido (gracias a ese marido con el cuál se casó dos años antes en Las Vegas para poder cobrar la herencia de su padre) y que no necesita más para ser feliz.

Hasta que aparece Luke, su marido, y vuelve su mundo patas arriba.

Luke está en ese momento en que no sabe qué hacer con su vida. Ve a todos a su alrededor haciendo planes, avanzando en sus relaciones, trabajos y futuros y él sigue estancado en el mismo sitio. Lo único que tiene claro es que quiere encontrar a esa chica con la que se casó en Las Vegas y así, cuando consiga el divorcio, a lo mejor es capaz de avanzar. Siente como si esa esposa a la que solo ha visto una vez le estuviera cortando las alas, impidiéndole seguir adelante.

Contra todo pronóstico, Luke acaba quedándose en el pueblecito donde vive Harriet y, antes de darse cuenta, se ha metido en su vida y su rutina. Están en una situación extraña y a ambos les cuesta adaptarse a ella aunque les resulta más fácil de lo que creían. Están casados pero no son más que dos desconocidos que se casaron en una noche de borrachera. Luke no quiere inmiscuirse en Harriet y todo lo que representa pero, después de mucho tiempo, empieza a notar que encaja. Se resiste, vaya si lo hace, pero acaba abandonándose a ello. Además, Harriet empieza a importarle… y también al revés.

Me gusta, sobre todo, la evolución de Luke. Pasa de ser alguien al que no le importa nada a preocuparse por Harriet y cada cosa con ella, la ayuda en su negocio aunque ponga excusas tontas como decir que se aburre, acaba entrenando a un grupo de chavales pese a decir que no quería saber nada del fútbol. Sin que él se dé cuenta, va encontrando su sitio y lo que antes hacía por aburrimiento, ahora lo hace porque le apetece, porque quiere. Se nota su evolución y es fácil sentir cierta empatía con él porque, alguna que otra vez, todos nos hemos sentido algo perdidos, sin saber dónde estamos ni dónde vamos.

La historia fluye con facilidad y es que Alice tiene un don para hacer que así sea. No se hace pesada en ningún momento y, cuando te das cuenta, has pasado de haber empezado el libro a quedarte poco menos de 30 páginas para acabar. Si hay algo que me gusta de Alice, es su pasión por los detalles, por esos que calan hondo, que definen a los personajes como puede ser algo tan sencillo como guardar hojas en un bote de cristal. Es lo que hace que sus libros sean especiales.

Como no podía ser de otra manera, también los personajes secundarios son culpables de que la historia me haya gustado tanto. Angie, la alocada amiga de Harriet, Jamie, el novio de Angie, su madre… e incluso ese padre estricto de Harriet y su madre, la mujer que se marchó de casa siendo ella una niña. Su historia sirve para conocer mejor a Harriet, para entenderla y apreciar mejor la clase de persona que es. Y no podía dejar pasar la oportunidad de nombrar a los ya conocidos Rachel, Mike y Jason, cuya historia espero como agua de mayo.

Para ir acabando, decir que 23 otoños antes de ti es una historia dulce y tierna, con unos detalles que te enamorarán y unos personajes entrañables y familiares que adorarás desde el principio. Es una historia para saborearla con lentitud, paladeando cada sensación como si fuese exquisita, como uno de esos dulces tan deliciosos que prepara Harriet en su pastelería.

La recomiendo sin lugar a dudas.


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