05 febrero 2017

RESEÑA: Un pacto audaz de Laura Lee Guhrke




Tenían un acuerdo
Desde el momento en el que conoció al temerario duque de Margrave, Edie supo que su vida podía cambiar. Y cuando él aceptó su extraña propuesta de matrimonio de conveniencia, Edie pasó de ser una heredera americana con problemas a convertirse en una duquesa inglesa. Cinco años después, seguía encantada con aquel arreglo, especialmente, porque su marido vivía en otro continente.
Pero los acuerdos están hechos para romperse…
Al casarse con una heredera, Stuart pudo afrontar las cuantiosas deudas de su familia. Los términos establecidos por Edie, que le obligaban a abandonar Inglaterra para siempre, le parecieron un pequeño precio a pagar. Pero, cuando las circunstancias le forzaron a regresar a su país, decidió que ya era hora de disfrutar de un verdadero matrimonio con la atractiva mujer que tenía como esposa y le propuso un trato nuevo y audaz: diez días para conseguir que deseara besarle. ¿Pero bastarían diez días para ganar su corazón?



No es una novedad el hecho de que echaba de menos leer una buena novela romántica histórica —no es que me haya cansado del NA o de la contemporánea—, pero siempre me ha tirado más la histórica, especialmente Regencia y, cuando encontré de oferta este libro de Laura Lee Guhrke, el segundo de una nueva serie, no la dejé escapar.

Junto con Lisa Kleypas —que dentro de poco os haré la reseña de su último libro—, y Julia Quinn, Laura es una de mis autoras favoritas —la serie Las chicas de Little Russel es una delicia— en cuanto a romántica histórica se refiere. Y esta vez, tampoco me ha decepcionado.

Nos encontramos en una Inglaterra donde la fortuna de los americanos es una tentación para esos lores ingleses que ostentan más título que dinero. Las tradiciones pierden su interés en pos de unos cambios que solo es posible llevar adelante con una fortuna que no todos tienen. En esa época, un buen lord inglés busca una esposa americana que le saque de todos los apuros y, por el contrario, esa esposa adquiere un título que solo era posible por el matrimonio.

En la mayoría de los casos, el hombre siempre era el que salía ganando pero… ¿Qué pasa cuando es la mujer la que tiene todo que ganar?

Con la reputación por los suelos debido a un escándalo que la dejó marcada de por vida, Edie sabe que la única posibilidad de no volver a su país sumida en la vergüenza y la humillación, es casándose con alguien lo bastante desesperado como para hacer la vista a un lado debido a su falta de belleza y esté más interesado en su dinero que en ella. El matrimonio es la única opción de quedarse en Inglaterra, aunque esa opción le revuelva el estómago.

No quiere un marido a su lado, controlándola y «forzándola» a tener una vida marital que ella no piensa tener. Ella tiene claro lo que quiere: un hombre endeudado hasta las cejas y que, por dinero, esté dispuesto a hacer lo que fuera, incluso irse del país para siempre.

Stuart vive para la aventura y si es en el continente africano, mejor que mejor. La sociedad no es para él y el matrimonio, tampoco. El problema: su familia acumula grandes deudas y es deber suyo, como duque, afrontarlas. ¿De dónde iba a sacar tanto dinero para hacer frente a ellas sin caer en las cadenas del matrimonio? Tendría que abandonar sus deseos de volver a África.

Me gusta en una novela, sobre todo histórica y aunque sea algo poco ortodoxo para la época, que sea ella la que no le deje opción al caballero en cuestión. Los matrimonios solían ser un arreglo, casi siempre entre el padre de la novia y el novio, y la mujer tenía poca opción u opinión al respecto. Edie sabe lo que quiere y no duda en echar toda la carne en el asador para conseguirlo: si Stuart quiere dinero para salvar su patrimonio, perfecto, ella se lo dará pero, a cambio, se casarán y él tendrá que marcharse del país y no volver. Todo es perfecto en su plan y los dos salen ganando. Ella sería la dueña de su destino sin tener a un hombre a su lado tratando de subyugarla y Stuart podría volver a sus aventuras como desea.

¿Qué puede salir mal en todo eso?

Que un accidente obliga a Stuart a volver a casa y que la vida cómoda de Edie se vuelve patas arriba cuando su marido insiste en que quiere que tengan un matrimonio como Dios manda. ¡De eso nada! ¡Tenían un trato! Pero los tratos están para romperse —o renegociarse, en este caso— y más si se pone tanto empeño como Stuart. Tiene diez días para conseguir que Edie le bese y conseguir así seguir casados; en caso contrario, su matrimonio queda anulado, de la forma que sea.

Sabe que esa reserva de Edie se debe a algo y es muy dulce la paciencia y el mimo con el que la trata, tanto antes como después de haber descubierto porqué huyó de América y porque estaba tan decidida a estar casada solo de nombre.


Las barreras de Edie van resquebrajándose bajo la amable y a veces, osada insistencia de Stuart para conseguir seducirla y que sea ella quien sienta deseos de besarle. Es una mujer fuerte y dolida que no ha conocido de un hombre más que la brutalidad y la humillación. Piensa que todos los hombres son iguales y descubrir que no lo son y que puede incluso gustarle intimar, hace que se asuste más y se empeñe en seguir manteniéndolo a distancia.

No es una historia con una trama rebuscada, es más bien sencilla y sin grandes sorpresas, pero si juntamos a unos protagonistas entrañables, unos secundarios que se hacen querer y una historia de amor bonita, el resultado es una novela para disfrutar.



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