23 enero 2017

¿Y ahora, qué?


Poner la palabra «FIN» en una novela es siempre sinónimo de emoción. Sabes que esa palabra suena a despedida aunque sepas que la historia y sus personajes siempre van a estar a tu lado, pero ya te han contado todo lo que tenías que saber. Has contado lo que ellos querían contar.

En mi caso, FIN es sinónimo de orgullo. No es la primera vez que escribo algo y consigo terminarlo —tengo relatos cortos y un par de largos que nunca verán la luz a menos que les dé un exhaustivo lavado de cara—, pero con #PuD ha sido diferente. La sensación de satisfacción que he sentido al llegar al final ha sido indescriptible. Intento plasmar en palabras una historia y unos sentimientos, pero creo que no habría palabras suficientes para describir cómo me sentí en ese momento. Ha pasado solo una semana desde que terminé, pero aún me tiemblan las manos como aquella tarde, mi corazón aún retumba acelerado sabiendo que estaba a punto de cruzar la meta  y mis ojos se humedecen cuando lo recuerdo.



Creo que nunca me he sentido  más orgullosa de mí misma que entonces. Me hizo ver que, si realmente quiero, puedo hacerlo. Leí una frase que decía:

La mejor manera de empezar algo es dejar de hablar de ello y empezar a hacerlo.

Y tiene razón. Antes proclamaba a los cuatro vientos que estaba escribiendo algo y, al final, las únicas palabras que quedaban eran esas que yo usaba para vender algo que ni siquiera había salido de mi mente. Quizá porque me daba más aires de los que debería teniendo en cuenta que no soy nadie en este mundo literario y que no había conseguido nada digno de mención. O quizá fuera porque quería sentirme, aunque fuera en ese instante en que le daba a publicar la entrada, como una más de todas las autoras que seguía por las redes sociales. Quería ser como ellas pero era incapaz de asimilar que, para ello, primero tenía que trabajar.

Nada se consigue del aire y sin esfuerzo.

El ser humano es idiota por naturaleza y no solo tropieza dos veces con la misma piedra, sino que es capaz incluso de buscarla para volver a tropezar. Yo lo he hecho y, a medida que el tiempo iba pasando, la piedra era cada vez más grande. Hasta que llegué a un punto en que, en vez de tropezar, la salté. Seguía poniendo cosas de lo que escribía pero esta vez me obligaba a hacerlo, a escribir. Poco a poco, las páginas fueron aumentando, la historia se encontró con todos sus giros y los personajes nacieron, crecieron y maduraron bajo mi pluma, nunca mejor dicho porque escribo primero a mano.



Ha sido un año largo en el que me he dedicado por entero a #PuD. Nada de querer abarcar más de una historia, consumida por el ansia. Ha habido momentos buenos y otros, no tanto. He tratado de ser lo  más constante posible y, aunque a veces no lo he conseguido por estados de ánimo, trabajo, y un largo etcétera, sí que he conseguido subirme al tren otra vez y no quedarme colgada en la primera parada, como me pasaba antes.

Me he emocionado con los personajes, sobre todo con aquellos con los que no esperaba hacerlo; me he reído malévolamente por situaciones embarazosas de los personajes y también he querido mandarlos a paseo porque no me contaban las cosas de la mejor manera y era entonces cuando me tocaba ponerme el mono de trabajo, el casco y las botas de seguridad, y trabajar duro. Espero que esas tardes —e incluso días— de frustración hasta encontrar la mejor forma, hayan valido la pena.

También tengo que decir que no he pasado por esto sola. He tenido la inmensa suerte de contar con dos amigas que han estado apoyándome desde el principio. También han sido duras, han puesto en entredicho todas y cada una de las escenas, comportamientos o sentimientos que he plasmado y me ha servido para mejorar. No se han conformado con leer y decir qué les parecía, sino que ha tratado de apretar para que lo hiciera mejor. Sabían que podía hacerlo mejor que esa primera versión que les pasaba y esa confianza en mí ha servido para que yo también me lo creyera. Llegó un punto en que terminé, sin necesidad de que me dijeran nada, buscando y probando otras formas mejores de contar las cosas. Creo que debo agradecerles esa exigencia que he terminado adoptando hacia mí  misma. Está claro que, de no ser por ellas, #PuD no sería lo que ahora es:

Mi primera novela terminada. 



No he llegado aún a despedirme del todo de Ethan y Thea, sus protagonistas, pero ahora mismo los tres nos estamos tomando un merecido descanso. Estando tan metida me era imposible ser objetiva, así que voy a dejar la historia reposar unas semanas antes de cogerla otra vez y hacerle la última revisión. Empecé con un borrador de 120 páginas y he acabado con una novela de 411 páginas. Aún hay cosas que pulir, y seguro que no son pocas —tengo cierta tendencia a, según me han dicho, abusar o comerme comas según me da—, pero es algo  necesario.

Si quiero que, algún día, alguien pueda leerla, tengo que ofrecerle lo mejor de mí y eso pasa por cuidar con mimo y hasta el último detalle, lo que les ofrezco. La historia podrá gustarles más o menos, podrán sentirse más o menos identificados con los personajes pero no me gustaría que nadie pusiera en entredicho que no lo he dado todo.

¿Y ahora, qué?

Pues aprovechando el descanso, estoy planeando cosillas para otra novela. Ahora mismo todo es un conjunto de post-it en una libreta, muchas ideas y dudas en la cabeza. Solo tengo claro que será New Adult, que Kane y Lexie serán sus protagonistas y que ambos estarán en Madison, Wisconsin.



Y en cuanto a qué voy a hacer con #PuD cuando esté revisada del todo, pues es algo que no tengo muy claro aún. Barajo varias opciones: autopublicar con Amazon o mandarlo a alguna editorial. La opción de presentarme a concurso es algo que ha estado cuajándose en mi cabeza durante mucho tiempo pero después de ver los requisitos y de darme cuenta que supero en páginas lo que piden, casi que lo descarto.

Pero bueno, no es algo que me corra prisa ahora mismo.

De momento, quiero disfrutar de esa sensación de sentirme “escritora” y del orgullo que me da saber que puedo conseguir lo que me proponga si lucho por ello.

Gracias a todos por estar ahí.
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4 comentarios:

  1. Sin palabras. He visto (metafóricamente hablando) cuánto has llorado, sudado y sangrado por #PuD y el par de tozudos que la protagonizan, además de la complejidad de todos y cada uno de los personajes, así que espero que me permitas sentirme orgullosa de ti y de todo lo que has logrado con esta señora novela, y gracias por dejarme participar en el segundo borrador. ♡

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    1. ¡Ay, gracias a ti por estar ahí! Sabes que sin ti y sin Alba, esto no habría sido posible. Así que gracias otra vez.

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  2. Aaaaaaaaaaaaay enhorabuenaaaaaaaaaaaa!! La verdad es que uno no se puede considerar escritor hasta que no pone la palabra FIN a lo que escribe!!! Me encantaría leerlo, porque viendo lo que escribes por aquí se ve que tienes buena mano (y créeme cuando digo que hay libros escritos muy mal, de esos que paso automáticamente) :D
    Un besote corazón!

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    1. ¡Ay, muchas gracias! La verdad es que es un subidón de los buenos cuando pones esa palabra Fin. Meses escribiendo y escribiendo, rompiéndote los cuernos tratando de hacerlo lo mejor posible, de pelearte con todos los personajes... ¡Mola mucho!

      Pero hay una cosa en la que no estoy muy de acuerdo con lo que has dicho. Creo que un escritor no es solo el que acaba o publica libros. Yo me considero escritora mucho antes de haber acabado la novela. Cuando consiga terminar de corregirla y editarla bien y la autopublique, la diferencia estará en que antes era una escritora solo y luego seré una escritora publicada.

      ¡Un beso!

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