20 octubre 2016

¿Por qué Lana Fry y no Laura Mena?



La primera vez que le dije a alguien que escribía y sobre todo, de qué temática lo hacía, esa persona se me rio en la cara. 

Voy a poneros en situación para que os hagáis una idea: Había salido con un chico a tomar un helado. Nos habíamos visto un par de veces porque solía venir con sus amigos a la cafetería donde trabajaba en mis años mozos y, además, era amigo de una de mis amigas. Creía que había cierto feeling, ¿sabéis lo que os digo? Unas sonrisas, unas miradas, ese cosquilleo… Hablamos de lo que suelen hablar todas las «parejas» cuando salen juntos por primera vez: pues yo hago/estudio esto, ¿qué haces tú?, y me gustan las pelis de tal o cual.

Hasta el momento, todo bien. Cuando me preguntó qué me gustaba hacer en mi tiempo libre, respondí:

—Escribir.

Me miró con curiosidad y claro, me envalentoné y no necesitó mucha insistencia para que le contara de qué iba la historia:

—Pues va de una chica, una fotógrafa, a la que sus amigas la meten en una especie de calendario solidario de hombres y acaba enamorándose de uno de los «modelos».

La historia no es que fuera gran cosa pero mi entusiasmo por aquel entonces era tan grande, que se me salían las palabras por la boca sin filtro ni nada. El tío aguantó toda mi perorata y, cuando acabé, no se le ocurre otra cosa más que soltar una carcajada en mitad del parque y mirarme como si fuese una salida que no llevaba bragas por si acaso se le caían. 

Os juro que nunca había sentido más vergüenza en mi vida. Ya no solo por el hecho de que se riera de mi historia, que puede gustarte más o menos, sino que lo hiciera de algo que a mí me gustaba, que era escribir.

«12 meses descubriendo el amor», que así se llamaba esa historia, fue la primera y la única que escribí (que no terminé) con mi  nombre de verdad: Laura Mena.

Antes de eso, usaba nicks como todo el mundo, aunque en el fandom de los fanfictions era siempre Laura Black (Sirius Black era mi personaje favorito de Harry Potter), pero cuando me decidí a dejar eso de lado y empezar con mis propias historias, quise hacerlo con mi nombre.

Hasta que llegó el imbécil este. Sonará ridículo sentirme condicionada por la opinión de un tipejo de esta calaña, pero me marcó. Estaba rebosante de entusiasmo con mi historia, sí, pero también estaba y sigo estando muy insegura con esto de la escritura y pensé: si a un chico que le gusto me dice esto… ¿qué pensarán los demás?

Ya sé que debería darme igual lo que opinara la gente, pero es más fácil decirlo que hacerlo. De una forma u otra, siempre he buscado la aprobación de la gente, el interés pero la inseguridad y el miedo, por muchas ganas que haya, hace que las reacciones de ese tipo, hagan daño. Fue todo un golpe y, a día de hoy, me sigue escociendo como si esa herida aún siguiera abierta. Nunca volví a decirle a nadie conocido que escribía y me limitaba a hacerlo para mí o a publicar bajo un seudónimo. 

Volví a usar Laura Black para las siguientes historias, hasta que apareció Lana Fry. El nombre surgió de una aplicación de esas tontas en las que te dicen cuál sería tu nombre si fueras tal o cual criatura o hubieras nacido en otra época. Tengo que decir que fue un flechazo instantáneo. Vi algo en él que me gustó al instante, me atraía ese nombre y, cuando me quise dar cuenta, ya lo estaba usando en muchos sitios.

Poco a poco, Lana Fry fue convirtiéndose en mi seña de identidad, en la firma bajo mis pocos escritos. Parecerá una tontería, pero Lana Fry me hace sentir segura y sé que sabrá aguantar mejor los malos palos que Laura Mena, quien tiene más que perder y cuya capacidad de superar los malos baches no es muy grande. Me siento más segura a  la hora de escribir, como si ese nombre pudiera protegerme de todo y me permitiera dar rienda suelta a lo que bailaba en mi cabeza. 

Lana es mi alter ego, ese superhéroe capaz de hacer lo que Laura no es capaz. Es mi Superman y yo su Clark Kent; es Batman cuando yo soy Bruce Wayne.

No sé si alguna vez seré capaz de firmar bajo mi nombre de verdad o qué, pero me he acostumbrado tanto a Lana, que tiene pinta de quedarse mucho tiempo.

No me avergüenzo de escribir romántica (y tampoco de leerla) y estoy en una fase lo bastante buena como para hablar de lo que escribo con algo más de seguridad tanto en mí como en mi trabajo, pero el miedo a esa reacción, a esa «clasificación» a la que seguro que me meterán y a recibir otra vez un palo como el de antes, hace que siga firmando justo como lo veréis debajo de este artículo.

Gracias a todos una vez más.

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4 comentarios:

  1. Ay los pseudónimos... Es algo también a lo que le he dado muchísimas vueltas (qué te voy a contar que no te haya contado ya), y aún hoy en día, pese a estar más segura con Dawn Dellion, sigo sin saber si estoy haciendo lo correcto. Lo que sí tengo claro es que el pseudónimo lo uso para que esa gente que ha pasado por mi vida y ya no está, no me relacionen conmigo si se cruzan con algo mío en el futuro. Otra persona quizá querría fardar o algo pero yo no. Quiero que, si ven un dibujo mío o se cruzan con algo que he escrito yo (en ese hipotético y poco probable caso), lo vean o lean sin pensar en mí, sino en una desconocida. Si luego se enteran, me parece bien, pero no quiero que vayan condicionados con que soy yo desde el principio.

    Ahora sí, te voy a decir, ese gilipollas, menudo. Pero me ha recordado a algo que me pasó a mi al acabar el Instituto con una de las que creía ser mis mejores amigas. Cuando le dije lo que iba a estudiar al acabar bachillerato (allá por la prehistoria), fue por teléfono, y lo que oí fue una risa burlona y un "te vas a pasar toda la vida haciendo dibujos..." medio pregunta con un tono de voz burlón. Desde entonces he defendido a capa y espada cada vez que he visto a alguien burlarse del arte, en cualquier forma. La escritura es una de ellas y me indigna cuando la gente no se lo toma en serio. Si te gusta, te evade, es tu hobby... ¿qué problema hay? Otros su hobby es ver la tele o comerse X partidos de fútbol. Pero eso está bien. Eso es normal. Por supuesto. Escribir, dibujar o lo que sea es ser raro.

    En fin,me enervo, así que mejor lo dejo.

    -DD

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  2. Uf... UF... La gente así es enervante. Recuerdo que cuando empecé a escribir (cuentos cortos, cosas para concursos del colegio...) usaba de pseudónimo "Belén Ravinet", primero porque en esa época estaba entre compañeros que se reían si alguien leía y prefería no desanimarme por su culpa, y segundo porque mi primera escritora favorita (desde los 7 años) fue Marcela Paz, y cuando supe que ese en realidad era su pseudónimo pensé "vaya, eso de identidad secreta suena bien".

    El porque de que cambiase de alias ya lo sabes, y también estoy de acuerdo en que sentimos que con ese nombre tenemos una identidad totalmente nueva, alguien que resistirá mejor las críticas y que puede llegar a ser un genio tras una pluma o una máquina de escribir (necesito conseguir una xD). Hoy en día ya hablo con más comodidad de mi pasión por la escritura, aunque siempre queda ese temor de no querer contarlo a todo el mundo.

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  3. laura!!gilip... hay en todas partes!! pero me alegra que Laura Fry te haga estar sentir más segura!! <3

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! La verdad es que sí, me siento más cómoda usando el seudónimo. Un beso!

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